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El teletrabajo y la pandemia

Los medios, últimamente, hablan poco del teletrabajo. Luego del revuelo de los primeros meses de la pandemia donde el teletrabajo era la opción obligada para quienes pudieran hacerlo, vino la etapa del desconfinamiento, el verano en el hemisferio norte y millones de personas volvieron a sus viejas costumbres, con barbijo pero a hacer lo mismo de siempre en la oficina o en el tiempo de esparcimiento sin mucha distancia social. Esto duro tanto como el verano y luego vino la segunda ola y con ella nuevamente el teletrabajo.

Lo que sucede es que como dije en el libro “Desde cualquier lugar” que lo escribí hace casi un año (primera edición) a lo sumo podrá teletrabajar un 20% de la población laboralmente activa por la sencilla razón que en tiempos normales, Japón pudo llegar a un 25% y si este país con el adelanto tecnológico, mas una serie de características culturales, llegó a ese porcentaje, el resto del mundo y específicamente el mundo de habla hispana podría llegar, con suerte, a un 20%. Y así fue.

Lo positivo es que el teletrabajo llegó para quedarse mas allá de los vaivenes propios de estos tiempos de pandemia. Es natural que muchos quieren volver a su trabajo presencial. De hecho el teletrabajo , en tiempos normales, debía ser opcional por la sencilla razón que muchas personas no disponen del espacio físico y condiciones mínimas para poder trabajar en forma cómoda y por lo tanto eficiente.

Los gobiernos han dejado el teletrabajo librado a quien pueda aplicarlo. Si bien la esfera del trabajo publico lo pudo implementar con relativa facilidad , la implementación fue transitoria o según la importancia del brote. Y en el ámbito privado la experiencia ha sido dispar según el sector de trabajo.

Un estudio del CDC de Estados Unidos demuestra que el teletrabajo disminuye el riesgo de contraer coronavirus. Acaso es necesario hacer una exploración estadística para extraer una conclusión tan obvia. Es que si solo cuentas la cantidad de personas con las que te cruzas cuando vas hacia un trabajo presencial frente a la misma cantidad cuando teletrabajas, alcanza y sobra. Si toda la gente pudiera teletrabajar disminuirá en forma drástica el número de contagios.

Es cierto que el covid 19 adelanto la historia 20 años, de repente todos estuvimos online aprendiendo, trabajando, haciendo reuniones de trabajo o hablando con el medico vía Zoom; mas todo lo que ya estábamos haciendo hace años: chateando, viendo películas, etc.

Pero ante la menor baja de contagios o remanso de la ola que paso, todos volvimos a hacer actividades presenciales dando lugar a interacciones que hicieron surgir nuevas olas.

La nueva normalidad, la vida presencial guiada por protocolos de todo tipo, fue un fracaso a los efectos de evitar nuevos brotes.

Este ha sido el año de los protocolos hechos por expertos que parece que nunca fueron hasta la esquina de su casa. Casi todos los protocolos de distanciamiento social son incumplibles , basta con subirse a un bus, metro o ascensor para que desaparezca la distancia social y la ventilación. Ilusos fuimos en creer que esos protocolos podían llegar a funcionar.

Pueden haber funcionado para salvar la economía, seamos claros, a costa de enviar a la gente a que se contagie. Por ejemplo , en estas navidades se está restringiendo, en muchos países, el número de personas por reunión familiar; en los mismos países que se permitía que, en un bar, hubieran diez o más personas comiendo, sin barbijo. Esta demostrado hace meses que el virus se trasmite por el aire mas allá de los dos metros de distanciamiento recomendado y que lo locales cerrados no deben usar aire acondicionado. Pero millones de bares no tienen buena ventilación natural y ni imaginemos su cocinas o baños. Y bares, restaurantes, centros comerciales, peluquerías, etc siguen abiertos. Como no van a haber nuevas olas de contagios si los focos de contagio siguen o estuvieron abiertos durante buena parte de la pandemia. Y no son trabajos esenciales ni de los cuales dependa en gran medida la economía.

Mas allá de que el teletrabajo masivo siga o no después de la pandemia, el primer gran paso ya está dado y es el más importante. Es posible hacerlo, mas que posible , es necesario. Porque si no queremos que aparezca otro virus similar o que el planeta vuele de contaminación debemos movernos menos y para esto la red nos evita un sinfín de movimientos.

El futuro ya llegó, y no es el mejor, sin duda.

El optimismo tecnológico no ha sido mas que una excusa para vender y ganarse el pan. No está mal, pero ha tenido una buena cuota de responsabilidad porque si caímos en semejante crisis sanitaria es porque no estábamos preparados. Y mientras todos estábamos hipnotizados ante nuestros teléfonos móviles engordando la cuentas de Facebook, nadie producía mascarillas , políticas de salud pública, etc.

Soluciones

Escapar hacia adelante. Así como en la segunda guerra mundial, en la ciudades habían sirenas que anunciaban la proximidad de bombarderos y toda la población corría hacia los refugios; actualmente ante la amenaza de descontrol de un brote mas que la llamada a una cuarentena o a un toque de queda se debería llamar a un pasaje total al modo virtual con teletrabajo obligado para todos. Si, todos.

Si bien se escucha que hay muchos trabajos que no pueden ser hechos en forma remota, hay que dar herramientas para que puedan ser realizados. Por ejemplo una pequeña tienda o almacén de barrio tiene que tener la posibilidad de vender online dando un tarjeta o código a sus clientes habituales para que les compren a través de Internet. El que mas ha facturado en esta pandemia es Amazon, ¿Vamos a dejar que solo esta empresa pueda vender online?

¿Y la ida al bar?

Se habla mucho de la Inteligencia artificial pero no se han podido crear ambientes de realidad virtual que sustituyan el contagioso encuentro en el bar. Es un gran debe de la tecnología. La habitación de los leones del libro “El hombre ilustrado” sigue siendo un gran cuento de ciencia ficción. Si pudiéramos hacer turismo virtual realista por la estepa africana o por la vulgar Europa se salvaría el planeta de la contaminación. Y si pudiéramos reunirnos con nuestros amigos en un entorno virtual 3D con hologramas habría menos trasmisión de enfermedades.

Ni siquiera la escuela presencial ha podido (o querido) ser sustituida pero no porque haya algo valioso que enseñar (todo se puede aprender online) sino que las escuelas y liceos se utilizan, muchas veces, como guarderías de niños o adolescentes mas que un lugar para aprender. Es donde los padres dejan a los niños mientras ellos trabajan.

La clases se interrumpieron y luego se crearon aulas especificas, con mamparas de acrílicos, horarios desfasados, menos días de clase, retorno gradual, medidas de higiene de todo tipo y distancia social de un metro entre los alumnos . Todo para que llegado el día de retorno a la presencialidad la clase tratara sobre cuales son los mares del mundo o los tipos de triángulos. Y por supuesto, se crearon más focos de contagios.

Luego de la pandemia ¿el mundo cambiará? No, porque no ha cambiado en el transcurso de ella y ante la mínima vía de escape muchos salieron de fiesta, sin mascarilla o incluso apoyaron algunas absurdas teorías negacionistas.

Pero lo importante ya no es que cambie el mundo, lo importante es que puedas cambiar tu en alguna medida. Que puedas ser más libre ,trabajando , aprendiendo o haciendo lo que sea desde cualquier lugar.

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